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Un Xalto

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Y: Entonces, ¿está decidido? CromosomaX: Así es. Llegó el momento. Han sido varios años ya desde el inicio del proceso, y Angie ha tomado la decisión de vivir en su rol de género de manera permanente. Y: Vaya. Mucho me temía que llegaría este momento. Sin embargo, era el resultado lógico. De otro lado, cada vez es más difícil conservar esta doble presentación. CromosomaX: Es verdad. El balance ha ido inclinándose hacia lo femenino, como un resultado evidente de los cambios físicos, y de la conformación de esa nueva identidad. Y: Cómo se siente Angie? CromosomaX: Bueno, aún tiene algunos “demonios”, como ella los llama. Y la presencia de ellos tal vez no se desvanezca jamás. Sin embargo, la única manera de enfrentarlos a esta altura, según ella ve las cosas, es encararlos en un nuevo escenario en el que su identidad femenina facilite apaciguar la presencia de esos seres en su vida. Suena un poco dramático, ¿verdad? Y: Pues lo es. Iniciar una nueva etapa con u...

Soledad

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La palabra tiene un significado negativo a simple vista. Solemos relacionarla con sentimientos de abandono y de tristeza. Se nos enseña que no podemos estar solos, que necesitamos compañía, que somos seres sociables por naturaleza. Se le teme a la soledad como a un ente que te agobia en las noches, y atemoriza la idea de envejecer solos, sin compañía. Atendemos esos consejos, y nos tornamos más receptivos hacia la compañía del otro. Formamos grupos, creamos lazos, compartimos espacios, contamos cosas y escuchamos otras. En ese nuevo escenario con pretendidos nuevos amigos nos sentimos parte de un grupo. Creemos haber encontrado nuestra manada. Y un sentimiento de seguridad toma fuerza con el paso de los días, e imaginamos que en nuestra nueva familia estaremos a salvo de los amargos sabores del mundo. Y eventualmente nos equivocamos. En ocasiones el papel oscuro de la naturaleza de los seres humanos sale a relucir al interior de ese grupo tal cual existe en el exterior. Y con alg...

¿Le cuido el carro, reina?

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Fue la bienvenida del muchacho que se ofreció para cuidar el auto cerca al lugar de votaciones, el domingo pasado.  Curioso. No pretendía pasar por “reina” ese día. Ni siquiera por princesa, caray. La sudadera ancha, las zapatillas, el cabello recogido, la ausencia total de maquillaje y de “comportamiento”, conformaban el atuendo que no buscaba en absoluto un reconocimiento hacia aquel ser femenino como en otras ocasiones. Claro, ante el otorgamiento por parte de aquel chico, del título como primera dama de algún reino inexistente, me vi en la necesidad de cambiar mi actitud para estar un poco más de acuerdo con el paisaje. Así que afinando la voz le di las gracias, y le comenté que volvería pronto tras cumplir con mi deber ciudadano. Comprobé que mi número de identificación estuviera incluido en la lista de votantes, y tras ubicar el número de mesa correspondiente, me dispuse a hacer la fila para ingresar al recinto. Pasando el umbral de aquel espacio, noté en la age...

Sombrero de Plumas

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Los días previos a la cita transcurrieron entre los afanes del trabajo, el nerviosismo por la cercanía del hecho, la compra de elementos necesarios para la imagen exterior deseada, y la planificación de la estrategia para llevar a cabo este paso. ¿Cómo me vestiría? ¿Usaría parte de mi vestuario, o compraría algo nuevo? En caso de decidirme por algo nuevo, ¿cómo lo acompañaría? ¿Usaría botas, o zapatos? ¿Vestido, o pantalón? ¿Iría en mi auto, o pediría un taxi? Tantas cosas por resolver para un asunto tan sencillo como ir a una cita con mi psicóloga en el rol femenino, me hicieron pensar mucho acerca de lo lejos que estoy aún de desempeñarme completamente en este rol. Es decir, tuve que prepararme con días de antelación, pedir permiso en el trabajo, tomarme unas tres horas en casa para lograr la imagen deseada y armarme con la tonelada de valor que se requeriría para salir al mundo real, a una hora normal, a un sitio habitual, como una mujer normal. No obstante todo lo anteri...

Angel

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La escasa luz de los deteriorados faroles de aquel callejón apenas reflejaba su sombra en la pared. Aún en las líneas de su silueta se notaba el cansancio a cuestas y la poca esperanza. Dos de la madrugada. El frío y la falta de alimento hacían que sus movimientos fueran ya torpes. Sus desgarradas ropas no ayudaban en lo más mínimo a cubrir su piel. No sabía cuánto tiempo le tomaría llegar a casa, o a lo que ella llamaba de esa manera. En realidad nunca tuvo una. Su memoria registraba sus primeros pasos en el orfanato en donde sus compañeros sólo manifestaban burlas sobre cualquier cosa que hiciera, al hacerlas a su manera, según su sentir. Sus impuestas mentoras manifestaban su poca comprensión utilizando la fuerza y la opresión hacia un ser diferente. Diferente para los demás. Para ella, era simplemente ella, como siempre se concibió. Frágil, sensible, delicada, aunque fuerte y decidida. Dueña de una determinación que le costó días y hasta semanas enteras en castigo. Durante...

Ex-réis III, otra vez!

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... Era simplemente un sueño hecho realidad. El más hermoso sueño. Apenas si logré cumplir con los tiempos a los que estoy acostumbrada en las mañanas. Claramente al estar anteriormente en el rol masculino, todo era más fácil: el vestuario, el arreglo en general, el peinado y un largo etcétera. El enfrentarme a nuevos esquemas suponía manejar tiempos y ritmos diferentes. Sin ir muy lejos, el tener que maquillarme a esas horas y con la premura del tiempo apenas me dio el suficiente para poner algo de base, unas sombras ligeras, polvo facial y un poco de rubor. (El rímel y el delineador tendrían que esperar. Al fin y al cabo con las nuevas facciones ya no los necesitaba). Con respecto a la ropa… ¡Dios! ¡No tengo qué ponermeee! (Es decir, sí tengo, es sólo un decir que evidencia cada vez más la cercanía con la terminología femenina). A ver… ¿falda? Pero, ¿con qué blusa? Esta me gusta, pero… no con esa falda. Okey, ¿pantalón? Si uso pantalón sería con botas. ¡Pero es miércoles! Las bot...

Mi Bici

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Sucede esporádicamente, y cada vez con menos frecuencia. No sé cómo definirlo ya que es una mezcla de aromas y percepciones, de recuerdos y sensaciones. De emociones que transportan mi mente hacia atrás en el tiempo. Es algo extraño que me recuerda mi niñez, y eventos simples que sucedían en ella. Ir a la despensa a comprar algún encargo de mi madre para complementar el almuerzo. Pasar por la vitrina de cómics para ver si había salido el nuevo episodio de algún superhéroe. Estar en casa bajo la protección de la familia, sin nada de qué preocuparme más que del arreglo de mi Bici, mi vehículo de transporte favorito. Extraño aquella simplicidad de la vida de entonces. No sé en qué momento crecímos y la vida se llenó de compromisos, de responsabilidades, de miles de cosas, de ires y venires que hacen que más que disfrutar y vivir la vida, la ocupemos con montones de actividades, muchas de las cuales no motivan ni satisfacen. Al menos así me pasa. He encaminado mi vida, y ( por desg...