Ex-réis III, otra vez!



Apenas si logré cumplir con los tiempos a los que estoy acostumbrada en las mañanas.

Claramente al estar anteriormente en el rol masculino, todo era más fácil: el vestuario, el arreglo en general, el peinado y un largo etcétera. El enfrentarme a nuevos esquemas suponía manejar tiempos y ritmos diferentes. Sin ir muy lejos, el tener que maquillarme a esas horas y con la premura del tiempo apenas me dio el suficiente para poner algo de base, unas sombras ligeras, polvo facial y un poco de rubor. (El rímel y el delineador tendrían que esperar. Al fin y al cabo con las nuevas facciones ya no los necesitaba). Con respecto a la ropa… ¡Dios! ¡No tengo qué ponermeee! (Es decir, sí tengo, es sólo un decir que evidencia cada vez más la cercanía con la terminología femenina). A ver… ¿falda? Pero, ¿con qué blusa? Esta me gusta, pero… no con esa falda. Okey, ¿pantalón? Si uso pantalón sería con botas. ¡Pero es miércoles! Las botas son demasiado informales para un miércoles. Okey, miremos esta otra blusa, con la falda aquella. Esta funciona bien, y con aquellas sandalias… ¡perfecta! ¿Cinturón? ¿Este? Demasiado ancho. ¿Aquel? Demasiado informal. ¡Jum! Creo que no llevaré cinturón. ¿Accesorios? ¡¡¡Sí, obviamenteee!!! ¡Por fin podría lucirlos! ¿Estos aretes? Nop, muy largos. ¿Estos? Muy fiesteros. Aquellos combinan con la ropa, miremos un collar. ¿Este? Creo que este está bien. Anillo, pulseras que combinen y ¡lista! ¿Lista? ¡Todo este trabajo me ocupó el tiempo que generalmente uso para desayunar! Pues nada, un poco de cereal, un jugo y una fruta. El cabello aún un poco húmedo y ondulado se veía bien a mi parecer, así que no invertí mucho tiempo en su arreglo. Algo de perfume, y a revisar los resultados.

La figura en el espejo me dejó atónita. Aquella imagen mental que había cultivado por años, y en la cual invertí recursos y tiempos importantes, se había materializado por fin. No cabía duda ahora acerca de mi género, el género al que siempre sentí que pertenecía. Me enfrentaba por primera vez al mundo, asumiendo el rol femenino. El día que pensé que nunca llegaría finalmente llegaba. No podía estar más feliz.

Por primera vez llenaba mi bolso con las cosas de la vida diaria de una mujer. Siempre me pregunté a mí misma porqué los bolsos de las mujeres se veían repletos de cosas. Ahora lo sabía: Maquillaje, documentos, peine, perfume, llaves del departamento, llaves del escritorio, libreta, bolígrafo, hebillas, espejo, reproductor de música MP4, celular, cable para el celular, alarma del auto, llaves del auto, lentes oscuros, pañitos húmedos, gotas oftálmicas, medicinas, crema para las manos, gel anti-bacterial, ¡¡¡Fiu!!! Después de un arranque de cordura y ante la imposibilidad de conseguir una maleta de viaje, decidí llevar sólo lo necesario. Así que me deshice del cable del celular.

Me tomó unos minutos decidirme a cruzar la puerta. Las vecinas del departamento conjunto solían aparecer a la hora de mi salida hacia el trabajo. ¿Qué iban a pensar si me veían ahora? ¿Y el portero, qué me iría a decir? “Buenos días, señorita… ¡¡¡Señorita!!! ¿De dónde salió usted? ¿En qué puedo servirle?” Decidí a pesar de mis nervios, que pasaría por estos obstáculos con la mayor naturalidad, como si hubiera estado toda la vida de esa manera. Así que pasé por el frente de la puerta de mis vecinas sin inmutarme. No supe si fue por el hecho de no conocer a la susodicha, o por la manera en que estaba presentada, o por el “caminao”, o por que reconocieron en mí algo del personaje al que estaban acostumbradas a ver. Sólo sé que su mirada se quedó en mí durante el lapso que me tomó recorrer el pasillo, después de pronunciar un forzado y apenas entendible “Buenos días”.

Mi querido amigo el portero, siempre cumplidor de su deber apenas si me vio en aquella apresurada carrera. Bajé por las escaleras a buscar mi auto, intentando por todos los medios no ser detectada. ¿Pues cómo iba a justificar mi femenina presencia tomando el lugar de quien hasta ahora había ocupado aquellos espacios? Decidí que enfrentaría el tema posteriormente, aunque ahora sé que debí pensarlo un poco mejor.

Habiendo salido del garaje de manera presurosa, estar en contacto con el exterior fue una experiencia liberadora. Nunca antes había visto las cosas como las veía en aquel momento. Era como si las cosas tomaran nuevos colores, nuevos aromas, nuevas formas. Lentes oscuros, algo de música para calmar los nervios y lista para vivir aquel primer día del resto de mi vida. Una vida que por fin empezaba a tener sentido.

Comentarios

  1. Nooo por favor, no me hagas esto, todo menos esto? que paso, dime que paso al entrar al trabajo......bueno si lo hiciste, tal como el final de Harry Potter, me tendre que esperar.... nada mas q aca no es el final, sino el principio...FELICIDADES.

    ANA KAREN

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  2. Es a mi parecer la histiria que muchas quisieramos pasar aunque no todas tenemos las suficientes pantaletas para hacer uncambio tan inportante.Te felicito amiga un saludo desde mexico DF.

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