Butterfly
Cansada de esperar, de pensar, de sentir, de existir. De ver a mi familia sin que me vieran en realidad. De no saber, de llorar por no tener más a mi pareja en mi vida. De amanecer sola y de estar en el mismo lugar. De la tristeza y de la seguridad de nada. Un buen día decidí… morir. Al internarme en mi sueño fui abriendo lentamente mis alas. Nunca las desplegué en vida y pensé, que quizás estuvo bien. Tal vez se hubiesen quemado al hacerlo y ¿de qué habría servido? La oruga nunca se transformó en mariposa. Las pocas veces que intenté abrir aquellas incipientes alas me llevé grandes y tristes sorpresas. Y lucirlas con timidez ante ella, mi pareja, si bien me trajo momentáneas alegrías, me trae ahora una profunda depresión. No por haberlo hecho, sino por no hacerlo más. Por no tener el coraje de tomar decisiones importantes a tiempo. Por esperar a que otros decidieran por mí y dejar que ella se fuera. Aquellas brillantes alas se veían hermosas, con miles de colores. Nunca l...