Idiotiques!
Jueves de alguna semana de algún mes del presente año. Doce del mediodía. Aprovecho mi tiempo de almuerzo para resolver algunos asuntos en bancos y otras entidades. Voy por mi auto para facilitar el transporte ( en teoría ya que esta ciudad es un caos ). Salgo, hago mis vueltas, y regreso. Entro al garaje como siempre, con el auto de frente. Hago un pequeño giro a la derecha como siempre. Me dirijo a mi puesto de estacionamiento en reversa, como siempre. A ras del piso, no sé quién, ( bueno, sí sé quién: algún Idiotique ) que a esa hora se dedicaba a arreglar algunos tubos y quién sabe qué más, ha dejado clavada en el piso una pala con el asta a media altura. Al ir en reversa y mirando a los lados por los espejos retrovisores no se ve la bendita pala. Escucho un estruendo en la parte trasera del vehículo. Detengo el auto y me bajo a mirar. Veo el hermoso producto del mango de la pala a lo largo del bomper trasero del auto y parte del maletero del mismo. Una bonita abolladura que implicará pintar y reparar casi toda la parte trasera del “Rayo de plata” ( así lo llaman mis amigos debido al color plateado del bebé ). Lunes de otra semana del mismo mes del mismo año. Salgo de la oficina a las siete de la noche. Cansada luego de una larga jornada y de cierta carga emocional que me ha dejado cierta pelirroja con quien tuve cierta relación amorosa y que tuvo cierto grado de fracaso. Salgo de frente en el auto, como siempre. Me detengo a tocar el timbre que está en una de las columnas, como siempre. El portero abre la puerta eléctrica como siempre. Subo la rampa que me lleva al exterior como siempre. No sé por qué razón ( bueno, sí lo sé, por Idiotique ) el portero cierra la puerta antes de que el auto salga totalmente del garaje. Escucho un estruendo en la parte trasera del auto. Me detengo, y bajo a mirar. Observo el interesante producto de la torpeza del portero. Toda la parte trasera derecha del bomper está rayada, y acompaña perfectamente a los rayones y abolladuras aún sin cubrir, y que fueron producto de la torpeza de cierto elemento que arreglaba ciertos tubos y que dejó cierta pala que causó previamente ciertos estragos.
Miércoles de otra semana del mismo mes, mismo año. Aunque quisiera llevar mi cabello del largo que me gusta, desafortunadamente trabajo en un ambiente demasiado conservador en el que no es bien visto algo de ese estilo. Así que debo conformarme con llevar un corte largo pero masculino. Lo arreglo más o menos cada mes para conservar su forma pensando en un milagroso evento que me permita alguna vez llevarlo del largo que deseo. Voy al salón de belleza por el corte mensual, y siendo precavida llevo la foto del modelo de corte que he trabajado los últimos meses. La chica lo mira y está de acuerdo, al fin y al cabo me arregló el cabello el mes pasado. Termina su trabajo y no sé porqué tengo la sensación de que algo salió mal. Veo mi cabello extremadamente corto, casi como lo usaba cuando mi identidad femenina no aparecía ni en las curvas. En fin, supongo que es por lo reciente del corte y que no lo he arreglado a mi manera. Voy a casa y descanso. Mañana siguiente, 6:30 am me veo en el espejo y sigo pensando que algo no está bien. Me baño y arreglo, y peino. Qué digo peinarme, ¡intento peinarme! Pues nada que hacer, mis sospechas eran ciertas. La vieja por poco y me enlista en el ejército. ¡Idiotique! He perdido el trabajo de los últimos meses en lo que tiene que ver con mi incipiente cabellera femenina. Así que debo esperar otro montón de tiempo a que el cabello crezca de nuevo para poder manejar un corte largo aunque masculino en mi oficina y un corte corto aunque femenino en mi vida personal. ¿Qué tal?
¡Qué mes! Al parecer la vida o algún ser supremo si es que existe, me ha puesto una dura prueba al rodearme de, como yo los llamo cariñosamente, ”Idiotiques”. Sé que no es su culpa. Pero ah rabia que da, eh?
Viernes de otra semana, mismo mes, mismo año. Me dirijo a mi trabajo a las 7 am. Voy en el auto por una vía bastante concurrida pues es la hora pico del tráfico. Voy muy tranquila escuchando a Marilyn Manson. Aunque no lo crean sí, se puede estar tranquila escuchando a Marilyn Manson. En el carril contiguo marcha un microbús de transporte público. Conozco bastante a este gremio y de lo que son capaces, pero es un lindo y soleado día así que confió en la providencia. Pues al parecer la providencia aún está durmiendo a esa hora. El chofer del microbús empieza a acercar su cachivache hacia el carril por el que yo conduzco. A pesar de mi conocimiento del calibre de las acciones de estos especímenes confío en que pronto rectificará su rumbo. Lo miro a través de la ventana. El espécimen me mira. El hombre de Cromañón es Brad Pitt en comparación con este personaje. Al parecer no le importa que yo vaya conduciendo por mi carril, él necesita ocuparlo. La providencia aún no despierta. En últimas el sujeto adelanta su cacharro y me cierra el paso. En una maniobra desesperada giro el timón hacia la izquierda para evitar el choque. Lo logro, pero en la maniobra me acerco demasiado a la acera y las dos ruedas del costado izquierdo raspan de lado a lado la acera, y escucho un estruendo en todo el costado izquierdo del Rayo de plata. ¡¡¡Idiotique!!! Los rines los había rectificado, balanceado, pintado, engrasado y besado tres meses antes. La providencia, nunca apareció.
¡Qué mes! No sé si los planetas están alineados ( mal alineados ), o hay tormenta solar, o alguien me hizo un maleficio ( no confíes en las pelirrojas ), o simplemente son azares de la vida moderna. Por ahora tendré que llevar al médico a mi querido Rayo, pagar cierta suma de dinero ( supongo que considerable ), rogar para que mi cabello crezca pronto, y esperar a que el siguiente mes no aparezcan en mi camino estos pequeños Idiotiques.
Aparecerán otros, lo sé.
Angie.
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