Dejar de Ser
Muchas de nosotras hemos asumido nuestra condición y hemos decidido hacer algo al respecto, a una edad de 30, 40 años y más. Muchas hemos desarrollado hasta entonces y de manera “exitosa” el rol masculino. Y enfrentarnos a nuestra decisión en estas circunstancias supone cambios importantes no sólo en nuestra apariencia, sino en la vida que hemos llevado hasta ese momento.
Seguramente y sin querer que parezca pretexto, esto implica una carga adicional a nuestra ya pesada carga de la disforia. Debemos enfrentarnos a un cambio social importante (al cual muchas veces no nos atrevemos), debemos calcular cada paso relacionado con nuestras familias, amigos, círculo de compañeros de trabajo, ámbito profesional y en general con el respetable público.
Es casi como dejar de ser, para empezar a ser. Y si tuviéramos tiernos 5 o 10 añitos la cosa sería como decía un amigo mío, “papita pa’ loro” (léase fácil de masticar). Me refiero claro está, a que no se tiene un bagaje vivido previamente en el rol. Pero llevando a cuestas el fruto de nuestra vida de hombres, sea dulce o amargo el sabor del susodicho fruto, sea que nos guste o no, como que se nos pone el pan a peso. Casi que debes redefinirte, empezar a ser tú misma sin haberlo sido antes.
¡¡¡Qué terrible!!! ¿Quién puede empezar a ser lo que en realidad es, a los 30 años? ¿A los 40? ¡Pues nosotras! Y nos empeñamos en esa lucha que muchas veces vemos perdida, pero seguimos adelante. Esperamos de alguna manera vivir algo del tiempo que no vivimos. He pensado por ejemplo, que el hecho de involucrarnos en esa lucha supone incluso que no seamos buenas al momento de tener una pareja. Si estás tan metida en tu lucha, si tus esfuerzos los dedicas a ti misma para sacar adelante esa transición, cómo diablos vas a prestar atención a las necesidades de tu pareja? Recién mi ex pareja me calificó de egoísta, egocéntrica, mala persona y otro par de linduras que ni pá qué les cuento. Desafortunadamente para mí, creo que tiene razón. Me he centrado en mis necesidades, en vivir lo que no he vivido antes, tanto que acaparo toda la atención y no brindo lo que pudiera brindar. ¿Será que esta es una etapa pasajera, y una vez que sintamos que lo hemos logrado, estaremos listas para tener una relación y dispuestas a dar lo que hay que dar? Espero no tener 90 años cuando eso pase (suponiendo que fuera a vivir tanto, que ni lo espero, qué flojera).
En fin, lo que me he puesto a ver es que en el evento de dar el paso definitivo o “ful taim” (full time en realidad) estaría dejando de ser lo que he sido y no debí ser, para empezar a ser… ¡lo que soy! Pero implica esto pasar de ser un respetado ingeniero, a una ”quién sabe qué”… ingeniera? Esto claro, suponiendo que pudiera conservar mi trabajo y ejercer mi profesión. Dejaré de ser el prototipo masculino, aceptado en los círculos en que se mueve, para llegar a ser una quién sabe qué… tipa (que no prototipa) quien no podrá moverse con la misma facilidad en dichos círculos? Suponiendo claro, que pudiera mantenerme cerca de dichas figuras geométricas.
No lo sé. ¿Implicará dejar de ser el hermano “ejemplo” para ser el ejemplo de lo que NO debe ser un hermano? ¿Cómo rayos verá la gente a esa nueva persona, que nunca han visto, que no conocen? Que nunca han visto moverse (y que cuando digo a moverse, es a moverse), alguien de quien no conocen su voz? Pobres!!! Se les quita a alguien que están acostumbrados a ver, para ponerles a un personaje totalmente nuevo para ellos. Prepararé la cámara, esto va a estar bueno.
Dejar de ser…
Besos a todas.
Angie.
Comentarios
Publicar un comentario