Día menos UNO
Bien, como algunas chicas de por aquí ya saben, he estado casi toda mi vida detrás de la pared. Vaya si me he tomado mi tiempo para tomar todo esto en serio, y bueno, el 2009 será recordado en el planeta tierra como el año en que Angie decidió hacer algo por sí misma. Y lo hice. Finalmente logré hacer algo, ¿ya era tiempo, no?
Durante aquellos meses del año 2007 en los cuales me preguntaba “¿…y no será que en realidad…?” veía aquellos temas como algo lejano, como cosas que no eran posibles para mí. ¿Qué cosas? Pues aquello de transicionar (palabra inexistente en mi vocabulario), de una nueva vida, de adaptar el cuerpo con el pensamiento, de todas aquellas cosas que vosotras ya sabéis. De hecho y para ser sincera ni siquiera estaba segura de qué era aquello que debía adaptar. Si el cuerpo de acuerdo con lo que sentía, o lo que debía sentir de acuerdo con el cuerpo que tenía. ¿Ya me enredé? Espero que no.
Llegada cierta edad (que no voy a revelar, no se hagan ilusiones) llegas incluso a pensar y espero no causar muchas críticas y/o risas:
“Bueno nene, ya va siendo tiempo de que dejes esas cosas, mira que en un par de años te vas a ver “ridículo”, ya es hora de echar raíces”, en fin …
Pues resulta que “esas cosas” no se dejan, están quemadas en tu psiquis, en un par de neuronas que insisten en llevar falda y una cinta en la cabeza. Así que el tema vuelve una y otra vez, y cada vez con más fuerza hasta que dices: Demonios! Y bueno, esos demonios deben haberme escuchado, ya que hicieron que de nuevo llegara a mí vida un ser especial, que dejé años atrás en medio del sin fin de componentes que vas perdiendo en una búsqueda a veces infructuosa. Fue algo natural, suave, incluso romántico, como deben ser las cosas en mi humilde opinión. Este ser ha acertado al acercarse justo en medio de la maraña de pensamientos, dudas, decisiones no tomadas y cosas por hacer. Fue ese 15 de enero en que le confesé a mi amiga quien fuera mi pareja años atrás, acerca de ciertos “rollos” presentes en mi vida. Y siendo la primera persona de mi vida pasada en enterarse acerca de mi vida deseada, no pudo haber alguien más indicado. Conté con la fortuna de tener a mi lado a alguien que me escuchara, sin prejuicios, sin espantarse, sin pensar “¿qué rayos le pasó a este?”. Se ha convertido como bien lo merece, en mi mejor amiga, en mi hermana, en aquella con quien cuento para aquellas sanas locuras en las que ando metiéndome por estos días. Sabe todo, desde las capas que he tenido que atravesar para llegar al centro de todo esto, pasando por las preferencias sexuales (capítulo aparte), los temores de enfrentar al mundo, y todo lo que rodea al “extraño mundo de Angie”. Pues he contado con suerte y doy gracias por ello. Y te doy gracias a ti.
No obstante esta amistad presencial he contado también con la fortuna de encontrar personas maravillosas a través de aquella red de bits y de bytes, laberinto de perversiones como lo llamaría una de aquellas personas especiales. Conocer a estas chicas ha cambiado por completo el panorama al evidenciar que no estás tan loca como pensabas. Al menos no tanto. Te das cuenta de que puedes salir adelante y de que ese par de neuronas tenían razón y debes enfilar a todas las demás en el camino que ellas señalan. Se necesitará presupuesto para las faldas y las cintas para todas las demás, pero qué se le va a hacer.
Pues bien, este fue el inicio, y en adelante lo veré de esa manera. A lo que me refería con hacer algo por mí misma, consistió en decidirme por fin a iniciar el camino, el que muchas chicas han recorrido así que no las aburriré por ahora con esas cosas. Fue el primer impulso que me llevó a posteriores y más productivos capítulos, en el apartado de psiquiatría y endocrinología: En la ventanilla siguiente por favor, “caballero”.
Un abrazo.
Angie.
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