Sí, y no



Pensando en estos días acerca de la relación costo/beneficio en este proceso de transicionar, me he cuestionado algunas cosas.

Vamos a ver. Tengo 7 meses de haber iniciado mi tratamiento hormonal, y 8 meses de estar en tratamiento psiquiátrico. Con respecto al primero de estos temas, y otros, la mayoría del tiempo me pregunto si esa relación costo/beneficio está a mi favor de alguna manera.

Me explico: sabemos acerca de los costos que implica llevar este proceso:

Tratamiento hormonal:

Los medicamentos tienen un costo que debo desembolsar mensual o quincenalmente. Debo tomar exámenes periódicos (cada 2 meses en mi caso debido a ciertas molestias). Debo pagar un médico endocrinólogo privado ya que no he querido involucrar a mi seguro médico obligatorio.

Beneficios? Pues veamos:

Que si ha habido cambios?

Sí, y no.
Si no me pongo “bonita”, la verdad es que el panorama no es muy alentador. Con la ropa que utilizo para mi trabajo, la forma de llevar el cabello (maldita sea) y la actitud que se espera de mí desde siempre, pues no hay ni rastro de mujer alguna. Sí ha habido cambios, pero son tan leves, tan lentos, que me pregunto muchas veces si voy para algún lado.

Salud:

Hasta ahora había gozado de una salud perfecta salvo alguna que otra molestia provocada por mi hábito de fumar durante muchos años, cosa que ahora evito. Pues bien, el tratamiento ha ocasionado que esa perfecta salud se vea afectada. Hace un año casi me mata una cosa llamada Androcur. He llegado a tener el colesterol por las nubes, y eso que ya no subo por allá. La capacidad física se ha visto alterada notablemente hasta el punto de que subir escaleras me hace sentir como una ancianita de 90 años, teniendo yo escasos 79, prácticamente una niña. Durante los primeros meses tuve mareos y desvanecimientos y actualmente presento permanentes dolores y calambres en las piernas.

Beneficios?
(…)

Sexualidad:

Si bien mi rol sexual nunca ha sido el de macho cabrío, pues antes del tratamiento la verdad que no me iba nada mal. Y aquí espero no ser crucificada. Personalmente no tengo rechazo hacia mi sexualidad o genitalidad si se quiere llamar de esa manera. Aunque no ejerzo como hombre, la manera que tengo de alcanzar el anhelado orgasmo pues es, la que la naturaleza me dio y de esa manera la utilizo. Aunque mis relaciones actuales son puramente lésbicas, deseo conservar cierto nivel de respuesta que me permita disfrutar de esos momentos al igual que lo hace mi pareja. Pues los costos son, que cada vez es más complicado conservar ese nivel de respuesta, cosa que nos preocupa a mi pareja y a mí, pues ambas deseamos una satisfacción física acompañando a las eventuales emociones o respuestas mentales.

Beneficios?
Sí, y no.
Debo decir que más por mi actitud mental que por cualquier otra cosa, ahora disfruto del sexo como en realidad me satisface, y es siendo mujer. Me permito cosas que antes eran impensables con mi pareja (video para la próxima, prometido) y eso me tiene feliz tanto como a ella. Sólo me preocupa que el descenso en el desempeño termine en que ya no logre la estimulación necesaria y obviamente, el clímax. Una muy buena amiga me recomendaba ajustar la dosis de anti-andrógeno para que esa respuesta siga existiendo en alguna medida. Pero acaso esto supondría conservar algunos rasgos indeseables de orangután? Veremos qué dice mi querido Endus.

Depilación:

Tres dolorosas sesiones y los bigotes de gato insisten en aparecer. Sé que debo tener paciencia. Es sólo que te sientes un poco defraudada al desembolsar más o menos 100 dolaretes mensuales y aguantar la tortura, para que a los 7 días tengas en el rostro una mezcla entre pelusa de osezno recién nacido y los pelos de Félix el gato, el único único gato.

Beneficios?
Sí, y no.
Bueno sí, algo. Ya no tengo que rasurarme cada 2 días, al menos aguanto 5. Menos máquinas de rasurar, eso ya es algo.

Vestuario:

Mantener dos roperos. Llevar esta especie de “Half-time”, en la que me presento como hombre en mi trabajo y como mujer en mi vida privada supone algunos costos duplicados. Ropa de niño y de niña, loción de niño y perfume de niña, vitaminas de niño y hormonas de niña. En fin.

Beneficios?
Bien, la verdad es que a medida que he ido cambiando la proporción entre la ropa masculina y la femenina en mi ropero, he “refinado” un poco las cosas. He ido formando un estilo que ya me identifica, cosa que no existía hace un par de años en medio de aquella búsqueda en la que no sabía qué diablos era. Así que cada vez disfruto más de contribuir con ese estilo y gracias a los poquitos pero bonitos cambios en mi cuerpo, la ropa me va quedando un poco mejor. Dios tenga misericordia de mí y me permita perder aquellos rasgos de gimnasta olímpico venido a menos, que aún hacen que no “pase” del todo. “Pasar” no sé a dónde, pero pasar.

Familia:

Aunque ya se preguntan cosas (El porqué de las orejas perforadas, el porqué tan delgada(o), el porqué de las camisas tipo metrosexual, el porqué la piel tan cuidada, el porqué conozco justo los tonos de maquillaje para regalarle a mi madre, el porqué babeo frente a un escaparate de ropa interior femenina) pues como que no dan con el asunto, y no tienen porqué hacerlo. Planeo contar con mis dos mujeres favoritas, mi madre y mi hija (quienes no viven conmigo), muy pronto. Espero que esto no tenga un costo muy alto y pueda conservarlas en mi vida, ya que ellas son precisamente eso, mi vida.

Beneficios?
Sí, y no.
Supongo que aunque habrá algunas bajas, será un enorme alivio y tendré una gran paz al contarles realmente quién soy. Es increíble que a estas alturas una madre no sepa que tiene una hija y no un hijo, y que una niña no sepa que tiene dos madres. A la última espero no freírle su pequeño cerebro con semejante noticia. Dicen que las generaciones más jóvenes tienen una visión más amplia sobre estos temas. Pero una cosa es la opinión “hacia afuera” y otra cuando te toca directamente.

Otros:

Costo, dolor en el busto. Beneficio, aumento del mismo.
Costo, resequedad en la piel. Beneficio, el rico aroma de las cremas.
Costo, pérdida de fuerza muscular. Beneficio, más femenina y menos gorila.
Costo, la gente a veces me mira raro. Beneficio, ya me importa un champiñón.
Costo, la depilación de las cejas es una lata. Beneficio, suaviza la mirada.
Costo, evitar alimentos altos en potasio. Beneficio, aprendí qué rayos era el potasio.

En fin.

A qué viene toda esta retahíla? Pues a nada. Dejando ya de lado la quejadera, este tipo de balances se vienen “de cuando en vez”, y a pesar de no ver claramente una relación costo/beneficio a favor de la susodicha, esta terca y autodenominada chica transgénero insistirá en seguir adelante con su proceso. Quién sabe si estas proporciones cambiarán alguna vez, pero al menos lo sabré. Un amigo me decía, sé lo que deseas ser, o muere en el intento. Veremos si no se me muere él cuando le diga que su “amigo” de 15 años ahora puede ser su amiga.

Abrazos a todas.

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