decisioneX
Qué trabajo nos da tomarlas a veces.
En el último par de meses he tenido que enfrentarme a algunas importantes. Y en realidad se pueden volver una pesada carga. Creo que en la siguiente visita a mi querida psiquiatra tocaré más que el tema de mi transición y mi transexualidad, los temas de la vida común, la vida diaria, y lo que me cuesta tomar decisiones con respecto a ellas.
Una de estas tiene que ver con mi sitio de vivienda. Entregué el departamento que alquilaba hace un par de meses, y mientras me daba tiempo de ubicar uno que se me acomodara, estuve en casa de mi querida madre. Había salido de mi casa unos doce años antes y desde entonces vivo sola. Siempre dije que no lo cambiaría por nada, que me encantaba mi independencia y mi libertad. Que no quería rendirle cuentas a nadie por mi tiempo y las cosas que hago. Que vivir sola era lo mío. Y siempre me castigan las palabras. Estar en casa de mi familia, con mi madre y dos de mis hermanos me ha hecho retomar esos sentimientos cálidos de estar en casa, de tener a alguien que te espera en las noches para charlar un poco. De compartir la mesa con tus seres queridos, de desear las buenas noches a quien duerme en la habitación conjunta. Y ahora que debo tomar la decisión de habitar de nuevo mi espacio, me entristece terriblemente alejarme de mi familia de nuevo. Aunque es un alejamiento “ligero”, es decir, estamos en la misma ciudad, y en automóvil no tardo más de veinte minutos en estar en casa de ellos, se me hace un nudo en la garganta. Ellos no saben de mi proceso, y esta es una de las razones por las que he preferido vivir de manera independiente. Me duele a la par de este sentimiento de alejamiento, el hecho de que estoy dando a mi proceso, a mi espacio femenino, a mis salidas, a mi “half-time” una prioridad mayor a la de estar con mi familia que amo tanto y que me necesita tanto. Me pregunto muchas veces incluso si vale la pena. Si no sería más feliz dejando atrás esta inconclusa transición y retornando al calor del hogar materno. Pero también sé qué es lo que quiero lograr, y por lo que sé y siento, ellos no me aceptarían como lo que soy. Así que vuelvo a mi espacio, y me alejo.
Segunda decisión, mi relación de pareja. Hemos estado ella y yo en un ir y venir que ya nos tiene agobiadas. Nos queremos, nos amamos pero no vemos viable nuestra relación desde el punto de vista práctico. Al menos yo no la veo. Ella no quiere un noviazgo, y yo aún no veo posible una vida en común. Ella me pone a mí la carga de no estar juntas, yo le pongo a ella la carga de no estar preparada para asumir una vida en pareja. Aquel sentimiento fácil, divertido, hermoso que nos unía se ha venido abajo al ponernos de frente a la realidad de la vida. A la realidad de sostener un hogar, de hacernos cargo en pareja. Ha estado presente en todo este trance mío, me conoce como nadie en el mundo, y me ama como nadie más lo haría. Y no estamos ya juntas. No sé cómo hacerle ver que aunque la quiero con el alma, debemos prepararnos adecuadamente para una eventual vida en pareja, y esto incluye muchos temas. No sólo el emocional, sino el de convivencia, el financiero, el familiar, el de los proyectos de cada una. No soy tan impulsiva como ella para tomar una decisión con los ojos cerrados y esperar a ver cómo nos irá. No soy tan irresponsable. Tal vez debiera permitirme serlo un poco.
Tercera. Casi nada! Unos tres meses atrás me enfrenté conmigo misma. Me enfrenté a la decisión de continuar o no con mi transición, con mi aún incipiente vida de mujer. Y tuve que enfrentarlo pues soy en ocasiones excesivamente consciente de los riesgos, de las pérdidas, de lo que deberé enfrentar. Una de dos: ¿soy consciente o temerosa? Creo que las dos cosas. Siempre me he caracterizado por ser una persona excesivamente tranquila. Me gusta llevar mi vida de una manera muy armoniosa, evito al máximo el conflicto, evito transgredir cualquier esquema. Y la aceptación social, el anonimato y la pertenencia a grupos sociales son indispensables para mi tranquilidad. Me refiero a mi familia, a mi grupo de trabajo, a mi grupo de amistades, a mi grupo profesional, a la sociedad en general. Temo mucho perder a medida que avance, esa pertenencia que me ayuda a mantener esa vida armoniosa que disfruto. Temo mucho perder a mis seres queridos. He llegado alguna vez a la conclusión de que aquella llamada “doble vida”, sin ser el ideal para alguien con esta condición, es la única solución viable para mí. No puedo darme el lujo de sacrificar mi trabajo que me sostiene a mí y en buena medida a mi familia. No puedo permitirme perderlos a ellos. No me atrevo yo misma a romper esa armonía. Pero ¿qué creen? Esta necesidad siempre se impone, y termina poniéndome en el camino de nuevo.
Cuarta. En cuanto al tratamiento hormonal, a pesar de que he cambiado, muchas veces siento que es más lo que arriesgo que lo que voy logrando. Soy muy quisquillosa con el tema de la salud, y cualquier traumatismo a mi cuerpo por pequeño que sea me genera un conflicto importante. Este es el principal motivo por el que no considero llegar a la CRS. Me pregunto incluso a mí misma cómo me atreví a iniciar la TRH. Creo que era tanta la necesidad de cambiar mi apariencia que dejé a un lado esos conflictos y me decidí a iniciar el camino. Lo que he hecho para contrarrestar esos conflictos es cuidar excesivamente mis niveles con exámenes periódicos y revisiones médicas. Cada una de estas pruebas y visitas me tranquiliza y me hace sentir que puedo seguir en el camino. Y decido seguir en él.
En fin, han sido decisiones importantes para mí. Estoy en un punto en el que aquello que decida tendrá un efecto importante en mi futuro, y es obvio que ninguna de nosotras quiere equivocarse. Espero estar tomando las correctas, sólo el tiempo lo dirá.
Resumen:
Casa materna, no.
Departamento independiente, sí.
Pareja, no.
Transición, sí.
TRH, sí.
Carambas, hasta egoísta me sentí con eso último. Creo que a veces se requiere una dosis alta de esa cualidad. O defecto. Y casi se podría decir que la decisión que agrupa a todas las anteriores, es la de estar sola. Un cantautor que quiero mucho decía, “Por defender mi libertad me quedé solo, y tal vez ese precisamente, sea el premio”.
Perdón por el tono bajo, vendrán tiempos mejores.
Saludos a todas.
Angie.
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